“Me voy a Princeton”, escribió en el pizarrón de su escuela secundaria, María José Solórzano, joven salvadoreña de 18 años que ha sido aceptada en Princeton, una de las mejores universidades de Estados Unidos y del mundo. Algo que parecía imposible cuando hace unos años, María era una inmigrante indocumentada.

Me siento muy afortunada porque mis padres pudieron venir a este país. No sé cómo sería mi vida si ellos no hubieran tomado esa decisión”, cuenta María, cuyo padre trabaja en una bodega y su madre labora como niñera.

Cuando María apenas contaba con unos cuantos meses de vida, sus padres decidieron dejar su país de origen para buscar mejores oportunidades en Los Angeles. Lograron conseguir una forma legal de permanecer en el país, sin embargo, no fue por mucho tiempo. “Expiraron mi visa y las de mis padres. Estuvimos indocumentados 10 años”, rememora.

Al carecer de un estatus migratorio legal, María y su familia vivieron años difíciles. “A veces, cuando íbamos al doctor se notaba la diferencia, porque algunos de mis compañeros no tenían que pagar por las medicinas y nosotros sí”, relata.

Cuando tenía 14 años María logró obtener un estatus migratorio legal. En la preparatoria Belmont se unió a un programa de la Universidad del Sur de California que le ofreció clases avanzadas y tuvo la oportunidad de visitar algunos institutos de prestigio. Así conoció Princeton, sin saber que sería su futura escuela.

Debido a que su madre está diagnosticada con hipertensión y diabetes, María fue testigo de la falta de servicios médicos en barrios latinos, por lo que decidió convertirse en cirujana cardiovascular.

La Universidad de Princeton es considerada una de las mejores universidades del mundo, y le ofreció a María un espacio en su clase de nuevo ingreso para que estudie biología molecular. “Aunque Princeton es Ivy League (como se les conoce a las ocho universidades más prestigiosas de Estados Unidos) se enfoca mucho en los estudiantes, eso me da más oportunidades de hacer investigación en ciencias y tener una mejor relación con mis profesores”, dice la joven salvadoreña.

Después de la Escuela de Medicina me gustaría regresar a Los Angeles y abrir clínicas para los migrantes y abogar para que nosotros tengamos más oportunidades en el área de la medicina”, afirma con decisión y orgullo María.

 

Fuente: La Opinión




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